Hace tiempo que el alma me susurra que debo escribir, volcar lo va por dentro. Y a fe que es mucho, la verdad. Pero por otro lado hay otra vocecilla que dice "Cállate, no es momento".
Los últimos acontecimientos ocurridos y por ocurrir en mi país natal hacen que mi sangre se altere y sienta un enorme desasosiego producido por la impotencia de no saber qué hacer al respecto. Cómo soltar la rabia que me inunda y la tristeza que produce ver tanto ignorante arrastrado por las calles a la primera consigna que oyen dada por el manipulador de turno sin escrúpulo alguno. Incluso se atreven a involucrar a las criaturas más indefensas y a las que deberían proteger por encima de todo.
Pero al margen de las manifestaciones a favor de romper la convivencia entre paisanos, más allá del odio que se ha generado durante años en parte de la población del nordeste, hay otras noticias que me hacen sentir que estoy vivo y que vibro de emociones por todos los poros de mi piel.
Hace escasos días un personaje al que admiro desde mi juventud ha cruzado la frontera y se ha fundido con la" luz". Este amigo siempre estuvo alrededor mío con sus canciones de corte intimista, y ahora me deja todas sus grabaciones para que las guarde como si fueran un tesoro. Don Williams llegó a mi cuando tenía alrededor de 18 años y hasta su final me ha acompañado en innumerables ocasiones.
Ahora, mientras escribo en esta tarde otoñal está sonando "casualmente" uno de sus últimos discos en directo. Pero dado que las casualidades no existen, he de matizar que ha sido su cálida y grave voz la que me ha incitado a plasmar estas líneas.
En un momento he recordado épocas de mi juventud a través de su música. He viajado mentalmente a momentos pasados y me he emocionado como entonces. Y he revivido intensamente escenas de mi vida sólo con escuchar su melodía.
Cuando oí por primera vez la guitarra que daba inicio a "I believe in you" supe que quien estaba detrás de tan hermosa canción tendría mi reconocimiento para siempre. Inmediatamente localicé el vinilo que la incluía y que aún conservo, junto a la copia digital adquirida posteriormente. Este cantautor que tantos momentos de tranquilidad me ha aportado ha sembrado en mí una semilla que con el tiempo va creciendo despacito. La semilla de la tranquilidad. La que hace que en momentos convulsos y de agitación como estos te haga reflexionar a través de sus letras tiernas.
Aún escucho en mi mente la emisora de las fuerzas aéreas americanas de la base de Torrejón, cuando los sábados y domingos de entonces emitían el programa "American Country Countdown" y yo me pegaba al sintonizador para escuchar la mejor música country. Y nunca faltaba alguna canción de Don Williams.
Desde entonces y hasta ahora, y de ahora en adelante, seguiré llenando mi interior con su música. La que me transporta a un universo único para mí. La que me inunda de emoción y a veces de lágrimas. Pero la que disfruto como nadie.