Pero sinceramente, y aunque alguien pudiera interpretarme de agorero o aguafiestas, la realidad nuestra diaria no pasa por su mejor momento, y el original espíritu navideño queda totalmente empañado por los acontecimientos cotidianos.
Aún estamos conmocionados por los últimos casos de violencia ocurridos en este país democrático y libertario donde cada uno puede hacer lo que le venga en gana sin tener que dar explicaciones. Esa libertad que tanto se añoraba hace años, se ha convertido en no pocos casos en abuso de derechos propios que no tienen límite. Cierta gente, por llamarla de alguna manera, aunque más bien son puros animales salvajes, se arrogan el derecho a disponer de los demás como si de un bien material se tratara y por el que hubieran pagado un precio. Nada más lejos de la realidad. La vida de un ser humano no es propiedad de nadie, salvo de ese ser. Por tanto, nadie debe disponer de ella como si de un juguete se tratara. Y esto viene a cuento por el desgraciado de Huelva, que considera que todo el que pasa por la calle le pertenece y puede utilizarlo a su antojo.
Si de por sí el curso de la vida nos trae desgracias no esperadas, sólo hace falta que ningún subnormal tenga caprichitos inalcanzables y destroce la vida de sus semejantes.
Este año 2018 que pronto alcanzará su último minuto también ha sido el año del último aliento de dos buenos amigos que se han perdido en la infinidad de las estrellas. Por ellos y para ellos también escribo estas líneas con el deseo de que las lean en su idioma, sin palabras pero con sentimientos. Los de un habitante de este mundillo perdido en el cosmos y en el que dicen que es donde únicamente hay vida ¿inteligente?..... Pues aunque alguno despunte un poco, que de todo hay, mientras haya guerras, hambre, pobreza, racismo, asesinatos y demás lindezas, es para cuestionarse la "inteligencia" de esta humanidad.
Está muy bien que en ciertas fechas todos nos disfracemos de buenos y miremos para otro lado. Es una manera de no ver la realidad y ya lo dice el refranero: ojos que no ven, corazón que no siente.... Pero no. La hipocresía y el egoísmo no son buenos compañeros de viaje.
Otro año más, a pocas horas de entrar en el invierno el corazón se vuelve a encoger y desea volver a los años de la infancia, donde todo era inocencia y la maldad sólo existía en los cuentos y la películas de terror. Un año más que deseo que todo cambie de forma radical. Si puede ser, por favor....
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