Tenía yo 18 jóvenes añitos en aquella época, cuando ya empezaba a inclinarme por determinados estilos musicales que luego han marcado el resto de mi vida. Era la época del bachiller nocturno, en el que estudiaba francés como idioma primero y que complementaba con los estudios de inglés en una academia privada regentada por una amiga de mi madre y con quien aún hoy sigo manteniendo el contacto, pues es poco mayor que yo. Fue entonces cuando me introduje poco a poco en la música country, hoy definida genéricamente como "Americana Music". Y en estas que descubrí a un señor con barba blanca y mofletes que le hacían parecer un principiante de Santa Claus, amable y serio a la vez.
El hombre de la voz seca y profunda no era otro que un tal Kenny Rogers, que en esos momentos saltó a la fama con una canción que a lo largo de su vida le identificó. La canción The Gambler (El jugador) se convirtió en una de la favoritas de mi amigo Fernando y mía. Enseguida que la escuchamos nos apresuramos a comprar el LP en alguna de las extintas tiendas de discos del centro de Madrid.
Y a base de escucharlo a todas horas, la voz del "abuelo" nos caló y se quedó con nosotros para el resto. Pero no sólo descubrimos la canción que dio título al álbum, sino que a base de desgastar el vinilo, comprendimos que detrás del "jugador" se escondían muchos más tesoros, como esa joya titulada "The King of Oak Street" que a mí me emocionaba profundamente. Era el primer gran álbum, pero no el primero, pues anteriormente ya tenía un pasado musical con un grupo llamado The First Edition del cual era la voz principal y con el cual grabó su tardío éxito " Rubi, don't take your love to town ".
Debió ser una etapa inspiradora para Kenny ya que no había pasado el eco de The Gambler cuando ya había publicado otra muestra de su talento titulada "The Coward of the County" insertada en el álbum Kenny. Ambos títulos, junto con otros incluidos más le supusieron ser reconocido como unos de los mejores artistas country hasta hoy mismo.
Y después vino una auténtica maravilla para mí y que en mi escala personal rivaliza con The Gambler. El álbum "Gideon" se convirtió en uno de mis favoritos de entonces y para siempre. Cuando lo escucho entero hay momentos en los que la piel se eriza al oír la voz desgarrada de Kim Carnes a dúo con Kenny en la pieza "Don't Fall in Love with a Dreamer". La canción "Gideon Tanner" precedida de una intro que al final del disco se convierte en cierre "He's Going Home to the Rock" aventura que el resto del trabajo es una completa historia vaquera de alta factura.
Posteriormente, cuando Kenny ya tenía una fama sobradamente ganada llegó uno de los éxitos más conocidos, también a dúo con otra de mis ídolos, Dolly Parton. La canción "Islands in the Stream" fue de las más pinchadas y bailadas en las discotecas de los 80 y aún perdura.
Desde entonces y hasta el final Kenny ha grabado multitud de discos que revelan su prolífica carrera musical, tanto como compositor como intérprete. Sería muy difícil describir en este espacio la multitud de discos que publicó, con incursiones en otros estilos y con otras voces de reconocido talento. Canciones de Navidad e himnos religiosos entre otros.
Cuando en 2019 publicó "The Love of God " me dí cuenta que uno de mis mejores ídolos se estaba haciendo mayor y que su trayectoria lentamente se apagaba. Todos los grandes, a cierta edad han grabado un disco con canciones religiosas como queriendo poner su destino vital en manos de Dios.
Kenny nos ha dejado a finales de marzo de 2020 y estoy completamente convencido que todos sus admiradores le echaremos de menos. Pero nos queda para siempre lo mejor de él mismo, su entrañable música. Feliz viaje, amigo.
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