Desde que empezó la maldita y mal reconocida crisis que desde hace años nos acecha y golpea a los más humildes, se han oído todo tipo de recomendaciones, bien desde dentro del país, bien desde fuera. Ni que decir tiene que las del exterior son las que mandan y obligan a tomar acciones, aunque no nos ayuden en nada o casi nada. Pero quien maneja la situación no somos en absoluto nosotros. Nos ponen y nos imponen los deberes amenazando con el castigo en caso de no hacerlos.
Ni que decir tiene que desde dentro las medidas que se adoptan no conducen a la recuperación de la economía ni al estímulo del consumo. Es una lástima que nuestros políticos sólo tengan ideas simples y peregrinas en vez de soluciones. Una de las que se propuso el año que acaba de finalizar es la reorganización de las fiestas, ya que con los caprichos del calendario la gente se toma demasiados puentes.
Desde el exterior nos aconsejan reducir el número de fiestas, ya que en ningún otro país europeo hay tantas como aquí. Y además, en Europa los trabajadores no se cogen días de asueto entre festivos. Entonces, si queremos ser europeos, ¿por qué nos tomamos tantos días improductivos al año? Y vamos nosotros, sin pensar, y decidimos que suprimiendo festivos o cambiando las fiestas a los lunes o viernes, se relanzará la productividad y saldremos de la crisis en un santiamén.
A mí me sorprende que tengamos tanto tipo de fiestas - nacionales, autonómicas y locales- ya que todo esto proviene del descuajaringue al que hemos llevado a este país, troceándolo en autonomías políticas con más competencias que el propio Estado. No obstante, el hecho de suprimir días inhábiles a efectos laborales o moviendo estos de día de la semana, no va a ser la solución para salir de nada. Si el personal que trabaja, que cada vez es menos, al contrario de lo que nos cuenten desde arriba, se toma un "puente", será porque tiene derecho al día libre, bien descontado de las vacaciones anules o procedente de cualquier otro acuerdo colectivo. En cualquier caso, el empresario es dueño de cerrar su negocio un día, dos o los que le venga en gana, ya que nadie tira piedras contra su propio tejado. Normalmente, los negocios que prevén que durante un entre-fiestas no les compensa tener abierto porque no van a tener trabajo o clientes, lo que suelen hacer es pactarlo con los empleados y recuperar la jornada en días sucesivos a base de prolongaciones horarias.
Eso me parece lógico y un terreno en el que ni el gobierno ni nadie se debe inmiscuir, claro que como ya estamos acostumbrados a perder libertad y derechos a pasos de gigante, pues qué más nos da....
Los dirigentes que nos mal dirigen, en su afán de protagonismo hacen lo que se les indica, y si hay que cambiar las fiestas de arraigo o tradición se cambian y punto. Así las cosas, no nos extrañe que los días señalados de toda la vida tengan más movilidad que un saltimbanqui en plena juerga. Que el día 6 de diciembre (llamado Día de la Constitución) cae en miércoles y provoca que el personal se coja un macro puente, pues se cambia la fecha de promulgación de la Carta Magna y tan ricamente. Lo malo es que nuestro calendario varía y tendríamos que estar cambiándola todos los años. Lo mismo sucedería con el resto de fiestas. La Navidad la adelantamos o retrasamos a nuestro gusto, al igual que la Semana Santa y demás. Por ejemplo, si San Isidro cae en martes 15 de mayo, pues decimos que nació el 13 de mayo o el 18 y problema resuelto.Siempre se ha dicho que a este país le gusta mucho el cachondeo y la juerga, y que trabajamos poco con respecto a nuestros colegas de ahí afuera. Pero si alguien piensa que con medidas tan estúpidas vamos a solucionar algo o cambiar nuestra imagen exterior, o es un ignorante o un subnormal graduado. Así nos luce el pelo............qué lástima........

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