jueves, 2 de agosto de 2018

Mirando al cielo en solitario

Así me quedo últimamente. Mirando y admirando la grandeza del infinito oscuro, alterado tan sólo por la luz que desprende el reflejo del sol en el satélite teóricamente conquistado por unos y otros. Y es que como cada cierto tiempo, y aprovechando el fenómeno del eclipse, vuelve a flotar en el ambiente esa sombra de duda sobre la veracidad de los hechos que pudimos ver en televisión cuando apenas éramos unos críos. La voz de Jesús Hermida, al que tanto admiraba mi padre, y posteriormente yo, nos llegaba a través del altavoz de la caja "mágica". Hablaba de un tal Neil Armstrong que al parecer había puesto el primer pie en la luna, en una feroz carrera por llegar antes que los del otro lado. 

El afán del ser humano por conquistar nuevos mundos fuera de nuestro planeta se convertía en objetivo prioritario para cualquiera que quisiera hacer alarde de sus progresos tecnológicos. Muchas han sido las expediciones enviadas al exterior, a diferentes planetas, en busca de alguna señal que nos indique que en ese inmenso espacio oscuro hay alguna forma de vida similar a la nuestra. Ahora, viendo que no encontramos nada similar, el afán se centra en encontrar algún elemento y condiciones que pudieran permitir el desarrollo de algún tipo de ser vivo. Hemos enviado naves al infinito con multitud de muestras de nuestra existencia terrena, con mensajes de nuestra especie y nuestras intenciones pacifistas. Pero como si nada.... se supone.....

Siempre he pensado que detrás de este tema hay algo que se nos escapa y que aún no están dispuestos a dejarnos saber. Las evidencias de que hasta nosotros han llegado otros seres no son pocas y en los últimos años las noticias y programas de televisión referentes a esta posibilidad han crecido de forma abrumadora. Hasta las productoras de gran prestigio y los canales temáticos especializados se han volcado en esta tarea, abordando el tema desde la antigüedad hasta nuestro presente. Y es que cuando uno intenta entender ciertos relatos bíblicos, así como  investigar los restos de ciertas culturas antiguas, es difícil no considerar la posibilidad de que nuestro planeta haya sido visitado por seres de otras "Tierras", cuyos legados han quedado de forma imperturbable para admiración nuestra.

Los monumentos piramidales distribuidos por todo el mundo, los objetos encontrados cuya datación no concuerda con los conocimientos que supuestamente poseían las civilizaciones de la época invitan a pensar que en algunos momentos hemos contado con la ayuda del exterior.

Las teorías acerca de la presencia de seres foráneos en nuestro planeta son múltiples dependiendo del punto de vista desde el que se aborde, bien puramente científico - tecnológico, antropológico o religioso. La creencia del ser humano en la existencia de alguien superior es común a todas las culturas, tanto como la supervivencia después del final terreno. A su modo, cada civilización se ha planteado estas cuestiones durante su existencia, intentando dar respuesta a las preguntas más intimas.

A esas preguntas le busco respuesta casi a diario, intentando entender el por qué de la cosas que suceden a mi alrededor y más lejos. Estos temas tienen capturada mi atención con más interés que en otras etapas pasadas. Y es que a la vista de los hechos cotidianos con los que diariamente nos bombardean los medios de comunicación y de los que estoy hasta las mismísimas narices, prefiero guardar silencio y admirar la profundidad del cielo nocturno de verano a ver si desde algún puntito de luz diminuto me llega alguna respuesta, por simple que sea, que satisfaga alguna de mis inquietudes más intimas.

Quizá por ello estoy aparentemente más callado de lo habitual. Etapa de reflexión y meditación en tranquilidad. Es lo que ahora toca...

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