jueves, 2 de abril de 2020

La Última Partida

Tenía yo 18 jóvenes añitos en aquella época, cuando ya empezaba a inclinarme por determinados estilos musicales que luego han marcado el resto de mi vida. Era la época del bachiller nocturno, en el que estudiaba francés como idioma primero y que complementaba con los estudios de inglés en una academia privada regentada por una amiga de mi madre y con quien aún hoy sigo manteniendo el contacto, pues es poco mayor que yo. Fue entonces cuando me introduje poco a poco en la música country, hoy definida genéricamente como "Americana Music". Y en estas que descubrí a un señor con barba blanca y mofletes que le hacían parecer un principiante de Santa Claus, amable y serio a la vez.

El hombre de la voz seca y profunda no era otro que un tal Kenny Rogers, que en esos momentos saltó a la fama con una canción que a lo largo de su vida le identificó. La canción The Gambler (El jugador) se convirtió en una de la favoritas de mi amigo Fernando y mía. Enseguida que la escuchamos nos apresuramos a comprar el LP en alguna de las extintas tiendas de discos del centro de Madrid.

Y a base de escucharlo a todas horas, la voz del "abuelo" nos caló y se quedó con nosotros para el resto. Pero no sólo descubrimos la canción que dio título al álbum, sino que a base de desgastar el vinilo, comprendimos que detrás del "jugador" se escondían muchos más tesoros, como esa joya titulada "The King of Oak Street" que a mí me emocionaba profundamente. Era el primer gran álbum, pero no el primero, pues anteriormente ya tenía un pasado musical con un grupo llamado The First Edition del cual era la voz principal y con el cual grabó su tardío éxito " Rubi, don't take your love to town ".

Debió ser una etapa inspiradora para Kenny ya que no había pasado el eco de The Gambler cuando ya había publicado otra muestra de su talento titulada "The Coward of the County" insertada en el álbum Kenny. Ambos títulos, junto con otros incluidos más le supusieron ser reconocido como unos de los mejores artistas country hasta hoy mismo.

Y después vino una auténtica maravilla para mí y que en mi escala personal rivaliza con The Gambler. El álbum "Gideon" se convirtió en uno de mis favoritos de entonces y para siempre. Cuando lo escucho entero hay momentos en los que la piel se eriza al oír la voz desgarrada de Kim Carnes a dúo con Kenny en la pieza "Don't Fall in Love with a Dreamer". La canción "Gideon Tanner" precedida de una intro que al final del disco se convierte en cierre "He's Going Home to the Rock" aventura que el resto del trabajo es una completa historia vaquera de alta factura.

Posteriormente, cuando Kenny ya tenía una fama sobradamente ganada llegó uno de los éxitos más conocidos, también a dúo con otra de mis ídolos, Dolly Parton. La canción "Islands in the Stream" fue de las más pinchadas y bailadas en las discotecas de los 80 y aún perdura.

Desde entonces y hasta el final Kenny ha grabado multitud de discos que revelan su prolífica carrera musical, tanto como compositor como intérprete. Sería muy difícil describir en este espacio la multitud de discos que publicó, con incursiones en otros estilos y con otras voces de reconocido talento. Canciones de Navidad e himnos religiosos entre otros. 

Cuando en 2019 publicó "The Love of God " me dí cuenta que uno de mis mejores ídolos se estaba haciendo mayor y que su trayectoria lentamente se apagaba. Todos los grandes, a cierta edad han grabado un disco con canciones religiosas como queriendo poner su destino vital en manos de Dios.

Kenny nos ha dejado a finales de marzo de 2020 y estoy completamente convencido que todos sus admiradores le echaremos de menos. Pero nos queda para siempre lo mejor de él mismo, su entrañable música. Feliz viaje, amigo.






jueves, 26 de marzo de 2020

El bien más preciado

Siempre se ha dicho, y probablemente con el mayor acierto, que para el Ser Humano el bien más preciado es la propia Vida. Estar vivo, es sentirse parte integrante de un conjunto seres que transitan temporalmente por este mundo.
Como amante del misterio, que ya he dejado palpable en otros momentos, también siempre he estado intrigado por saber si somos los únicos en este universo inmenso o hay otros seres que también habitan planetas como el nuestro.
Pues bien, desde hace dos semanas, todas mis inquietudes han cambiado por completo. Ahora todo es distinto y reconozco que estaba equivocado de cabo a rabo. Nada es lo que yo suponía. Han bastado quince  vueltas al astro rey para que yo me diera cuenta de mi error fatal. Visto desde el momento actual, todo cobra un sentido completamente distinto. Y me explico.

Desde el decreto de reclusión en nuestros respectivos conventos, todos nos hemos convertido en monjes y monjas de clausura. De los que no pueden en toda su vida salir a la calle. Y aquí estamos, todos obedientes como si hubiera sido decisión nuestra y nos enorgulleciéramos de cumplir nuestra promesa.
Pero la realidad es bien distinta. No estamos así por gusto propio, sino por imposición. Eso sí, en beneficio de nuestra salud... Menos mal que siempre hay alguien que se preocupa día y noche de velar por nosotros, y que no duerme para que nosotros nos mantengamos con salud y de paso sigamos pagando impuestos. Ningún padre hace eso por sus vástagos.

Y yo, como disciplinado y obediente que soy estoy cumpliendo a rajatabla con lo mandado, y no me salgo del límite de la puerta de mi convento para nada.

Esto es lo que más me ha hecho cambiar mis prioridades en la vida. Ahora he resuelto dos grandes cuestiones que me tenían intrigado.
Y es que desde que estamos recluidos, he descubierto que el bien más preciado, además de la propia vida es una VENTANA. Un marco con transparencia que me deje ver qué hay  fuera de mi habitáculo.

Ya me intriga menos saber si hay vida más allá en el espacio. Me conformo con saber si existe alguien de mi misma especie al otro lado de los cristales. Y realmente empiezo a dudarlo.. No hago más que mirar y mirar, a diferentes horas del día y como si nada. No veo a nadie. Y es una pena porque hasta hace bien poco era todo lo contrario. Había gente, como yo o parecidos que andaban por las calles a todas horas. Que llenaban las terrazas de los bares y armaban el consabido jaleo. Había voces, gritos de niños, ancianos paseando al sol de una primavera recién llegada.

Ahora el bullicio que a veces nos molestaba se ha tornado en silencio. Silencio total apenas roto por el ruido de algún vehículo. Es lo que hay y no sabemos cuánto durará. Esperemos que por nuestro bienestar sea el menor tiempo posible.
Porque el ser humano necesita sentirse vivo, y eso se percibe cuando estás rodeado otros como tú, con los que hablar, discutir, saludarse, reírse y tantas y tantas cosas. Que pase pronto este cautiverio y volvamos a sentirnos como antes.. Que nos lo merecemos...

martes, 17 de marzo de 2020

Confinados


Los que hemos tenido la inmensa suerte de no vivir la época de guerra y posterior, no acertamos a saber lo que está pasando en estos momentos. Lo único de lo que somos conscientes es que sucede algo raro a nuestro alrededor y dentro de nosotros mismos. De repente nuestra aburrida rutina se ha desvanecido y se ha convertido en una clausura domiciliaria nunca antes vista y vivida. Y de repente, esa aburrida vida que llevábamos se convierte en un bien preciado deseado con toda nuestra ilusión. 
Y es que la situación de alarma, esa que no acabábamos de cuantificar en su correcta medida se ha adueñado de nuestra pequeña pero imprescindible libertad. La de salir a la calle y hacer una vida "normal" dentro de la anormalidad de esta vida moderna.
Parece que la cuarentena va para más de lo anunciado en un principio, por lo que deberemos armarnos de toda la paciencia que encontremos dentro de nosotros porque nos va a hacer mucha falta. Todo a nuestro alrededor ha cambiado de golpe de forma sustancial, y lo que está ahí fuera de nuestras ventanas, es como si no estuviera. Se ve pero no se disfruta. Las calles han perdido el latido de su vida y nosotros encerrados viendo como lentamente transcurren las horas interminables que quedan para un final no atisbado.
Eso sí, por buscarle algo bueno a la situación impuesta, pensemos la de cosas que se pueden hacer en unos metros cuadrados. Desde tele trabajar hasta fijarse en todo aquello que a diario no reparas por falta de tiempo.
Así que desde este humilde refugio, aprovisionado de todo lo necesario, fundamentalmente comida, invito a que aprovechemos el tiempo todo lo que podamos, nos relajemos y no perdamos los nervios con las personas que nos acompañan en esta situación. Que las noticias y demás información ya se encargan de ponernos histéricos. Ahora es cuando debemos demostrar que tenemos consciencia de la situación como seres responsables. Lo importante es estar bien y no dejarse contaminar por nada. Por nada. Lectura, música, cocina, televisión, etc... Y si hay que salir a algo imprescindible se sale y punto. Quedan muchos días para escribir. 







domingo, 15 de marzo de 2020

La Ciudad sin Vida


Hoy es domingo. Un domingo a las puertas de la primavera que podría ser normal, como cualquier otro en nuestras vidas, pero que se ha visto alterado por culpa de una palabra. Una sola palabra ha hecho que la gente tenga miedo a salir a la calle, a pasear, a realizar sus habituales tareas. Una palabra que ha dejado a las ciudades como si hubiera llegado un falso fin del mundo. Todos estamos recogidos en nuestras casas, sin poder ir a ningún lado porque todo está cerrado, excepto las tiendas de alimentación y servicios básicos. Ir a comprar el pan hoy se convierte en un acto de heroicidad y atrevimiento digno de los más osados y temerarios. Y es que esa palabrita mágica ha conseguido que la vida en pierda su ritmo normal, y por ende las ciudades parezcan carentes de vida. A las 12 de una soleada mañana festiva, todo parece inerte. No se mueven los coches de los aparcamientos salvo en casos muy contados. Y no será por falta de ganas de sus propietarios, deseosos de disfrutar de un día al aire libre. Pero no, eso no puede ser hasta dentro de al menos 15 insufribles días. Y es que el dichoso virus ese que campa a lo ancho del planeta a su libre albedrío ha hecho que todo el mundo sienta pánico.... O a lo mejor no es para tanto y resulta que todo obedece a otros motivos que desconocemos como perfectos borreguitos ignorantes de lo que pasa en nuestro entorno. Ese bichito que no se ve salvo con aparatos no aptos para el bolsillo de casi ninguno, es el culpable de que todos estemos confinados en nuestros aposentos. Salvo en determinados casos, claro. Como casi siempre ocurre,  las excepciones son tantas que al final la norma general no surte el efecto previsto. Como todos sabemos a estas alturas, ya no hay ninguna otra enfermedad que ataque a la población y produzca efectos mortales. Ni tampoco accidentes de tráfico. Desde hace más de una semana la gente solo padece la enfermedad del Covid19. Se han acabado los demás males que hacen que la población humana fallezca. Ya sólo se producen hechos luctuosos por ese único motivo. No hay más que escuchar un noticiario para darse cuenta de esto. Da lo mismo la edad del individuo y si padece otras antiguas enfermedades. Ahora sólo mata el bicharraco ese. Eso me llena de una alegría inmensa ya que en el momento en que la situación esté controlada y consigamos deshacernos de dicha bacteria habremos alcanzado la longevidad más absoluta que tanto loco científico anda buscando jugando a ser Dios. Si algo era imprescindible en estos momentos era tranquilizar a la población. Pero claro, si para ello se utiliza los términos "ESTADO DE ALARMA, lo que se consigue es el efecto contrario. Y es que hace falta muy poquito para que el miedo se adueñe de nosotros. Y está demostrado que el miedo es una de las más eficientes armas de control. Así ha sido siempre a lo largo de la "histeria" de la humanidad. El miedo a todo. A lo bueno y a lo malo. Y así nos pasamos nuestra breve existencia. Teniendo miedo a vivir. A lo mejor con habernos advertido de tener ciertas precauciones higiénicas era suficiente.....

domingo, 22 de diciembre de 2019

Radio Magasa

Es la fecha, que como todos los años nos llega de forma inexorable, para anunciarnos que es momento de introspección. Los vientos húmedos que soplan por doquier, las nubes oscuras y la bajada sensible de los grados térmicos hace de estos días un momento idóneo para, desde la calidez del hogar dedicar unos minutos, o incluso horas a sumergirnos en nuestro interior, recordando  los momentos más intensos de esta última etapa que pronto finalizará dando paso a una nueva experiencia temporal.
Y es en este momento, cuando al echar la vista atrás nos damos cuenta de lo que ya no volverá a ser lo mismo a partir de ahora. Pero también es momento de volar mucho más atrás en el tiempo y dejar que vuelvan a un primer plano escenas y recuerdos del pasado más lejano, de nuestra infancia, adolescencia y juventud. De los años en los que la inocencia era nuestra compañera diaria. Cuando no éramos capaces de comprender muchas cosas, y simplemente disfrutábamos de esta gran aventura pasajera. Y recordando mi infancia viene a mí la imagen imprescindible de la radio en mi casa. A todas horas, incluso cuando el invento de la caja tonta ya se había convertido en un bien de consumo habitual, la radio seguía estando allí, encendida casi todo el día para acompañarnos y traernos una visión del mundo exterior, próximo y lejano que de otra forma hubiéramos ignorado.
La radio, ese pequeño aparatito por el que se oían las voces de los locutores, estaba siempre ahí, mañana, tarde y noche para hacernos compañía y tenernos informados de lo que supuestamente sucedía más allá de nuestras paredes.
Y así recuerdo a mi padre haciéndonos callar a la hora del "parte" que casi siempre coincidía con la de sentarnos todos a comer. Porque a esa hora, por el altavoz de la radio nos contaban todo lo que pasaba o iba a pasar. Incluso con corresponsales en otras tierras que, no sabíamos cómo, establecían contacto y nos hablaban desde el extranjero.
Pero la radio era mucho más que noticias. Nos entretenía con sus seriales dramáticos, nos animaba con sus programas de música y también nos servía de escuela nocturna para aquellos que a cierta edad no habían podido obtener la mínima titulación escolar, imprescindible para cualquier puesto de trabajo.

De ahí viene mi total y absoluta devoción al invento transmisor de ondas. Desde aquella época, hasta ahora y siempre, la magia de la radio siempre hará volar mi fantasía.
En estos tiempos que llamamos modernos, y que son fruto de la evolución tecnológica y científica, la radio, en sus diferentes formatos y versiones sigue estando presente en nuestra vida cotidiana. Cuando vamos en el coche a trabajar o cuando nos levantamos y acostamos quien más y quien menos escucha la radio.

Debido al ritmo de vida ajetreado que la sociedad nos impone, la radio  ha sabido adaptarse y reinventarse de forma que cualquiera pueda escuchar sus programas favoritos en el momento del día o de la semana que me mejor le apetezca. Ya no es necesario estar conectado en tiempo real para estar al tanto de lo que acontece en el mundo. Ahora están los podcasts en directo y en diferido que nos permiten mayor libertad y flexibilidad a la hora de escuchar un determinado espacio radiofónico. 
Y es por ello, y porque me encanta hablar, que en mi interior habita el gusanillo de poder tener una emisora propia desde la que dar voz a pensamientos, reflexiones y música que forman la parte más esencial de mi persona. La idea de hacer un programa de radio siempre está rodando por mi cabeza y quién sabe si algún día se hará realidad. Algún prototipo he realizado de forma totalmente particular en formato de compact disc y no descarto volver a hacerlo en un futuro no lejano.

De momento, y desde mi emisora imaginaria, Radio Magasa, deseo que todos tengáis una feliz transición anual y que nunca olvidéis por completo vuestras vivencias pasadas.

viernes, 1 de noviembre de 2019

Recordando

La tarde gris por el cielo cubierto de nubes y la temperatura que va decreciendo lenta pero firme indica que la estación se hace más patente. Es la víspera y cada año por esta fecha es inevitable mirar hacia atrás, a veces no mucho, para darnos cuenta de que lo que llamamos vida no deja de ser un momento efímero en nuestra trayectoria por el universo. Y cada año somos más conscientes de ello. Y es por eso que dedicamos un día al recuerdo de los que hasta hace poco estaban en nuestro plano y que ahora se encuentran en otro estado.
Curiosamente hoy ha sido de las visitas a los jardines de cruces, cuando en realidad debería ser pasada esta medianoche. No sé de dónde proviene este cambio, ni me importa mucho, la verdad. En el fondo, cualquier día del año sería un buen momento para pasear entre cipreses en busca de esa serenidad y tranquilidad que fuera de los muros se convierte en vértigo y desenfreno desmedido. Los camposantos nos transportan a otro mundo, nunca mejor dicho. Un mundo de paz y silencio que nos hace meditar sobre nuestro inexorable futuro. Sin embargo, tras las piedras sólo quedan restos inertes de los que en su día encarnaron en forma humana. Y no deberíamos sentir lástima ni tristeza por ello. Lo mejor que que podemos hacer es recordarlos, porque es inevitable, y sentir la huella que cada uno de ellos ha dejado en nosotros. Tan sólo comprender lo que han supuesto para nosotros y alegrarnos de haber podido compartir una experiencia conjunta. Una experiencia de aprendizaje que no siempre sabemos valorar en su justa medida. Ellos ya descansan en paz. 

domingo, 29 de septiembre de 2019

Like a Seagull


No recuerdo el instante cuando llegué aquí por última vez. Ni siquiera el propósito con el que  encarné. Con el paso del tiempo terrenal, ese que en la eternidad no cuenta porque ni siquiera existe, voy intentando, no sin pocos esfuerzos y reveses forjar hacer mi trayectoria de la manera más honesta que conozco y el corazón me dicta. Pero está claro que eso no es fácil. No es nada fácil en un mundo de luchas, peleas, mentiras y egoísmos. Sobrevivir a todos los elementos que bombardean tu día a día es tarea de héroes. La paz interior del espíritu se puede y se ve alterada a cada minuto del día por innumerables circunstancias, unas con mayor importancia, otras con menos, pero que te rodean y te atrapan en una red de la que es difícil desprenderse. La tela de araña se extiende por doquier y te mantiene pegado a ella en cuanto dejas de prestar la atención debida.
Por donde vas hay miseria, mentira, contradicción, envidia, acoso y soberbia.
Sobre todo soberbia ya que quien más y quien menos nos sentimos el ombligo del mundo. Y nos creemos pequeños dioses a los que hay que obedecer a ciegas sin preguntarse el por qué de nada. Y nos falta mucho de generosidad, altruismo, sinceridad, amistad, buenos deseos... En fin, nos falta consciencia. Consciencia de lo que somos, no de lo que materialmente aparentamos. Falta reconocer en nosotros mismos, de piel para adentro, que somos seres libres, encarnados en una peculiar forma que llamamos "humana" pero que si siquiera sabemos qué significa.
Hacemos daño por hacer. Nos mofamos de todo, sin pensar en el sentido de nuestra existencia. Todo lo llevamos al contexto materialista sin darnos cuenta de que todo eso acabará y se quedará aquí. Y cuando llegue ese momento, que es lo único que tenemos seguro que ocurrirá, todos nuestros bienes, posesiones, lujos y derroches. Hace muchos años, y seguro que no por casualidad, cayó en mis manos un libro que directa o indirectamente ha sido una guía en mi camino. Juan Salvador Gaviota, de Richard Bach me transformó cuando era un adolescente en pleno cambio. Y ahora, a estas alturas de la existencia aún sigue siendo mi referencia. Comparto, y reconozco en mí muchas de las inquietudes de esa gaviota rebelde. La que no se conforma con lo establecido y se esfuerza en cada intento en superarse a sí misma. La que desprecia el conformismo de la bandada para adentrarse en nuevos retos que le hagan progresar como ser vivo. La que no da la espalda al futuro al tiempo que anima a los que se quedan parados. Y desde luego, el camino elegido no es un manto de algodón sobre el que deslizarse. El afán de libertad, de ser uno mismo, tiene un precio y has de pagarlo. Te encuentras con todo tipo de tropiezos, piedras en el camino y puertas cerradas que has de abrir a base de ingenio y perseverancia. Todo ello hace que el día a día en nuestra sociedad sea una carrera de obstáculos que nunca acabas de superar. Sin embargo, el vuelo de la gaviota es inmenso, como el horizonte al que se dirige. En el transcurso del viaje ha de afrontar multitud de vicisitudes, incomprensiones, críticas, etc... Pero su fuerza de voluntad, su ansia de llegar más allá la anima y la impulsa a batir las alas con más fuerza. 

Contra viento y tormenta, aunque a veces se estrelle contra un mar picado. Esa fuerza que en determinados momentos sale de lo más hondo de nuestro interior, como una voz que nos guía y nos protege de los efectos malvados. La voz que nace de la consciencia, del alma que en realidad somos y seremos por toda la eternidad. En sueños me convierto en esa gaviota que vuela libre y sin barreras que la impidan alzar el vuelo un poco más cada día. Surcando amaneceres y atardeceres. Vuelo de día y de noche. Disfrutando de cada momento sin pensar. Y agradezco a "quien sea" poder vivir esta experiencia, que con sus reveses y bondades me permite avanzar en mi camino. Jonathan Livingston Seagull sigue estando en mí con la intención de perfeccionar el vuelo eterno. "Y Neil Diamond compuso la mágica música" por supuesto.

martes, 13 de agosto de 2019

Misterio desvelado

Con lo claro que estaba todo desde el principio y lo incapaces que hemos sido de encontrar la explicación... Y es que los humanos cuando se enrocan en una idea no hay quien los haga apearse del burro. Se empeñan en una teoría y hasta que no aparece alguien con otra más convincente y lógica pues nada.
Llevan años los políticos de todo el planeta firmando protocolos que no se cumplen para ver si conseguimos los demás que el clima del planeta no sufra cambios y como si nada. Cientos de conferencias bien pagadas a supuestos gurús que nunca han hecho nada salvo en beneficio propio no han servido para encontrar la solución al problema.

Que yo sepa, en la historia de la humanidad, y mucho antes, el planeta ha pasado por diferentes etapas climáticas, incluida alguna que otra glaciación que acabó con la vida de los seres que poblaban esta bolita llamada Tierra.
En las últimas décadas se ha atribuido el calentamiento de la tierra a diferentes factores, desde la contaminación de los plásticos hasta las últimas teorías de los vehículos diesel. Porque está claro que las petroquímicas, las fábricas de aluminio, acero y un largo etc. ya se sabe que son beneficiosas para la salud de la población y de su entorno medio ambiental. Es por ello que los que mal dirigen el mundo siempre estén buscando la causa de tal cambio y a quién echarle las culpas. La imagen de arriba fue tomada en nuestro país hace unos días y por lo que yo puedo ver en ella, lo que sale de las chimeneas no es precisamente vapor con aroma de rosas....Es pura y simplemente vapor y gases procedentes de la combustión necesaria para fabricar metal. No estoy nunca en contra del progreso de la humanidad y del desarrollo industrial que tantas comodidades nos ha dado en los últimos siglos, pero también hay que asumir el coste que dicho desarrollo conlleva para el medio natural. Aquí nada sale gratis y cada civilización es responsable de sus actos y ha de pagar sus consecuencias. 
Pero pese al alto grado de contaminación y polución que llenan nuestros cielos y aguas diariamente el planeta sigue adelante con su vida. Lógicamente ha de haber variaciones en la temperatura y en el cambio de estaciones, algo cíclico por otra parte. Está muy bien que en cada momento histórico busquemos las responsabilidades en factores diversos, según convenga a quien maneja los hilos: cuando interesaba, la culpa era de los coches de gasolina, pero ahora toca el turno del gasóleo cuyo nivel de contaminación se ha demostrado más bajo como consecuencia de motores más eficientes y menos contaminantes.
Este año los fabricantes y vendedores de automóviles han visto la drástica caída de sus ventas debido al alarmismo social generado desde los estamentos públicos. Los mismos que en su día decían que el aceite de oliva era malísimo para la salud y ahora es una joya de la dieta mediterránea que todo el mundo quiere consumir. 
Por todo ello, no me fío ni un ápice de ninguna de las explicaciones con las que nos quieren manipular. Está claro que las bombas y misiles que se lanzan diariamente no tienen ningún efecto dañino contra la salud de la población ni del planeta. Ni las fábricas que no dejan de echar humos grisáceos las 24 horas del día.
Pero por fin alguien ha encontrado la causa de todos estos males y hay que bendecirlo, pues tanta sabiduría no tiene precio. Resulta que los manejantes de la OMIS (Organización Mundial de la Insalubridad), tras sesudos estudios día y noche han concluido que el problema de la contaminación y el cambio climático es culpa de...Las Vacas y el metano que se desprenden sus residuos biológicos. Estaba claro, coño. Cuantas menos vacas haya, menor grado de contaminación....
Ahora toca no comer carne, o al menos disminuir la cantidad diaria. Y es que somos unas malas bestias comiendo... Los países menos desarrollados que se pelean por algo que llevarse a la boca se estarán felicitando por tan grata recomendación. Van camino de la igualdad con la sociedad desarrollada.
Aunque ellos son los primeros en contribuir a la causa ya que no han comido ni un filete de ternera en su vida.
Enhorabuena a quienes tanto empeño y dedicación han puesto a fin de encontrar la raíz del problema. Ahora que la hemos encontrado y sabemos ponerle remedio podemos relajarnos un poco y dejar de angustiarnos tanto. Ya podemos seguir contaminando el planeta con nuestras bombitas y desechos químicos que mientras tengamos el metano de las vaquitas controlado no cambiará el clima...
Y la próxima imbecilidad ¿quién la soltará? Lo siento profundamente por tan nobles e inocentes animales que a partir de ahora verán más negro su futuro como especie... Y los ganaderos que con afán y esfuerzo cada mañana se levantan a horas intempestivas para cuidar de su ganado también han de pagar su culpa. Y luego, como habrá menos leche de vaca, le echaremos la culpa a las cabras, los corderos, los elefantes y las serpientes. Está claro que lo único dañino para la humanidad son la idiotez y las falacias del ser humano.

sábado, 8 de junio de 2019

Falta de Almas

Y es que no puede ser de otra forma. El Cielo debe estar escaso de Almas buenas. Y de nuestra vida se ha llevado 2 en menos de un mes. Mayo, el mes de las flores, ha sido este año el mes de las Coronas de Flores. Las últimas las que han acompañado a Ismael en su último viaje a Cuenca. Otro amigo que se nos escapa sin haberlo visto venir. Y es que en nuestro afán mundano de intentar quitarle importancia a los hechos a veces nos pasamos y no somos conscientes de la auténtica realidad. Por eso no esperábamos que nuestro querido amigo de tertulias y compañero de tantos lustros estaba a punto de acompañar a Manolo. Parece como si hubieran quedado con los ángeles y no quisieran faltar a la cita. Recuerdo que Manolo desde el hospital habló con él: Hola Isma, y tú cómo estás? Cuando colgaron parecía como si tuvieran apalabrado que los dos se verían pronto en la nueva dimensión atemporal. Y así ha sido. A partir de ahora, las abejas de Cuenca deberán buscar alguien que las cuide, aunque yo sé que ese alguien está echándoles un ojo de vez en cuando para que no les falte de nada. Para que sigan produciendo la miel que endulza nuestros momentos más amargos. Esa miel que con cariño y esmero preparaba Ismael y que nos traía de vez en cuando para deleite de nuestro paladar. A ese amigo que se ha escapado de forma furtiva, pero con los deberes hechos, le pido que vele por Conchi, que de golpe se ha visto en una situación para la que no estaba preparada. Que le diga, al igual que nosotros que no está sola. Que entre todos la ayudaremos a pasar este mal trago. Y que la esperas al final del camino. Que tú serás su luz aquí y en el más allá. Amigos Ismael, Manolo, Marce y José Manuel, os seguiremos recordando cada vez que nos juntemos a comer o a lo que sea. Y mandad de vez en cuando alguna señal si veis que nos despistamos....Cuatro abrazos fuertes desde la tierra.

sábado, 11 de mayo de 2019

Estoy bien....


“Estoy bien, Gabi, de verdad. No te preocupes.” Fueron las últimas palabras en directo que seguidas de un intenso y sentido abrazo escuché de mi buen amigo y compañero durante muchos años.

Manolo, que así era como le llamábamos aquí abajo, en la envoltura corporal que eligió para esta etapa, se estaba despidiendo de nosotros sin apenas darme cuenta. Fue la tarde del pasado Jueves Santo cuando vi su rostro con vida por última vez. Después ya sólo quedaron varias frases débiles colgadas en un teléfono que apenas se sostenía por falta de fuerzas. Esa tarde vi en él una mirada extraña, de inmensa paz y tranquilidad que acompañada de esas sentidas palabras me estaba diciendo que el final se acercaba. Probablemente ya había visto la luz y él era consciente del corto tiempo que le quedaba entre nosotros. El tiempo justo para dejar atados todos los temas mundanos antes de transcender.
Apenas una semana después, en pleno puente del 1 de mayo, la voz de José Pedro cayó como una lápida sobre nuestros oídos al comunicarnos que Manolo había sido ingresado de nuevo tras un alta fugaz para no volver a salir. En 24 horas, el alma de mi amigo decidió dar el paso irreversible y definitivo dejándonos un vacío irrellenable. Esa ausencia que notaremos cada vez que el grupo se vuelva a reunir de forma regular, tal y como hemos hecho hasta ahora, una vez al mes.

Y es que en esa otra dimensión, esa que no conoce límites y en la que todo es posible, ya se han juntado tres amigos, tres piezas del mejor grupo que he conocido en muchos años. Mi amigo Manolo ya se ha reunido con Marce y con José Manuel, y desde allí nos trasladan un mensaje que no debemos olvidar bajo ningún concepto. Que el grupo al que nos unimos en su día siga unido para siempre, que ellos ya se encargan de que la cuerda no se rompa y los nudos no se desaten entre nosotros. Y los que aún permanecemos en el plano tridimensional estoy convencido que cumpliremos el encargo con alegría y compartiendo cada momento con ellos. Para Mila y Susana, que a partir de ahora deben seguir su camino solas, mi más sincero abrazo cargado de toda la energía que necesitan para continuar su experiencia vital. 

A Manolo le doy las gracias por múltiples motivos, pero sobre todo por su apoyo y cariño y por su sincera amistad. 

Y al resto de amigos os hago una petición: que no nos olvidemos nunca de ellos.

“Lo que nos mantiene vivos, sujetos en el espacio, es el sentimiento de unidad dentro de la raza humana”. (Navarro)

viernes, 19 de abril de 2019

He tomado la alternativa

Mejor dicho, hace unos meses que lo hice. Fue una decisión difícil, meditada cien por cien durante tiempo, pero que al final me cautivó de forma sorprendente y de la cual no me arrepiento en absoluto viendo los resultados que el cambio me está reportando.

Es evidente que no me he pasado al mundo taurino, tan polémico en nuestra sociedad. Soy incapaz de ver un festejo ni siquiera por televisión.
O sea que la alternativa a la que me refiero viene por otra de mis aficiones genéticas heredada de quien me dio la oportunidad de bajar a este mundo a experimentar sensaciones nuevas.

Junto con la música que ahora mismo suena en mi refugio, las voces de Jimmy Ibotson y Jeff Hanna,  la fotografía es uno de los hobbies que más placer me producen, tanto en la composición y disparo como en la etapa de edición. Antiguamente mi padre me inculcó el arte de plasmar de forma estática una situación, un momento, una mirada, etc... Con él aprendí cuando aún no era más que un crío lo que era una cámara fotográfica, como se encuadraba, se apretaba el disparador y posteriormente como se traducía todo en imágenes en papel ya que disponía de equipo de revelado en blanco y negro con toda la parafernalia que ello llevaba, desde el tanque de revelado hasta la ampliadora y cubetas para una correcta impresión en papel.
Pero lo que más me atraía era por supuesto la cámara, una Kodak Retina que en su momento debió valer una pasta pero que sacaba de forma artesanal fotografías inconmensurables, en blanco y negro, por supuesto. El color en aquella época no estaba muy desarrollado y disponer de un equipo para su tratamiento en casa era bastante caro y difícil de manejar.



Cuando yo comencé a hacer mis pequeños pinitos lo hice con una cámara réflex con objetivos más o menos asequibles que permitían hacer ciertos acercamientos.

Cuando pasé al mundo digital también lo hice con una Eos 300D de Canon, marca con la que siempre he trabajado y que tan buenos y espectaculares resultados me ha dado hasta ahora. 

La posibilidad de utilizar diferentes teleobjetivos con mucho zoom siempre estuvo en mi mochila. De hecho he cambiado varias veces de cámara y de objetivos todo terreno, sin tener queja de ninguno de ellos pero mejorando siempre con cada cambio.

Y ahora, a mis años y tras pensarlo bien, he decidido cambiar la estrategia y dejar de ir cargado a todas partes con pesadas lentes. He descubierto y con agradable sorpresa las posibilidades que me ofrece disponer de objetivos fijos de amplia apertura y de marca original. Si durante muchos años he disfrutado de los teleobjetivos de amplio rango, ahora he decidido pegar un cambio radical en mi forma de entender la fotografía. Desde hace meses he vuelto a recuperar el encanto de la composición y encuadre a base de mover las piernas. He dejado completamente de usar los objetivos de largo alcance para trabajar con 2 fundamentales: un 50mm a f1,8 y un 24mm pancake a f2.8.


Al margen de tener que acercarte a los objetos y cambiar las perspectivas de encuadre, el resultado finalmente lo merece. La luminosidad, fidelidad de colores y calidad de enfoque dejan sorprendido a más de uno. Por otro lado, en planos cortos, los efectos de desenfoque producidos por la amplia apertura de las lentes hacen cada imagen un posible cuadro. Y como muestra de lo que digo son las fotografías que acompañan esta entrada. Desde entonces, la bolsa de transporte de la cámara ha visto reducido  su tamaño y peso de forma considerable y la calidad de los trabajos a su vez ha mejorado de manera increíble e impensable.

 Estoy convencido que el arte de la fotografía me tiene reservadas unas cuantas sorpresas y satisfacciones a partir de ahora y pretendo sacarle el mayor y mejor partido a las nuevas lentes, eso sí, teniendo que mover más las piernas a fin de encontrar el mejor ángulo y distancia.

Y la Nitty Gritty y Ricky Skaggs siguen endulzando este momento sin igual.


domingo, 3 de febrero de 2019

Alternativa a la mediocridad

La semana anterior recomendaba encontrar diariamente un pequeño espacio para nosotros mismos. Un rato, más grande o más pequeño para encontrar esa tranquilidad que tanto necesitamos en el mundo del ajetreo actual.

Después de tan sana recomendación, y respetando las aficiones de cada uno, que para eso dicen que tenemos libertad de elección, (???) me dispongo a plantear una alternativa para los fines de semana por la noche, después de haber hecho lo que se tuviera que hacer, salir de cena, al cine, etc...

Al volver al hogar, y sobre todo si no hay obligación de madrugar, frente a la televisión manipuladora, interesada y con fines de adoctrinamiento y aborregamiento general, la noche de los fines de semana se me antoja ideal para bucear en el mundo del misterio. Misterio con grandes letras que abarca e incluye toda inquietud de conocimientos y ansias de saber del ser humano desde el principio de los tiempos. Incluso en el transcurso de la vida diaria, aunque no nos enteremos, suceden hechos misteriosos para los que la respuesta no es tan fácil como pudiera pensarse. Y eso sin profundizar en los grandes temas clásicos que siguen sin respuesta a fecha de hoy.

Llegada la medianoche es el momento de situarse al frente la mesa de despacho, iluminada con la tenue luz de una lamparita y dejarse transportar a otros mundos, bien a través de la lectura adecuada o lo que más se lleva ahora, los podcasts y archivos sonoros. Es como cuando de jóvenes nos íbamos a la cama con el auricular del transistor puesto y dispuestos a pasar un poco de miedo con programas tan emblemáticos como Medianoche, Espacio en Blanco, etc...

Las voces grabadas en los cementerios, el avistamiento de luces en el cielo y la aparición de caras en el suelo de una vieja cocina de pueblo nos hacían sentir vivos y olvidarnos de los temas mundanos. Nuestro corazón temblaba cuando escuchábamos aquellos relatos y nuestra mente imaginaba cómo serían los habitantes de otros mundos más allá de nuestras estrellas.

Algunos de esos programas han desaparecido con la desaparición de sus investigadores, pero otros se mantienen a lo largo del tiempo con la misma ilusión y fuerza que el primer día.
Con la tecnología de hoy no es necesario escucharlos en el momento en que se emiten a las ondas. Tan sólo hay que seleccionarlos en la plataforma correspondiente y llevarlos siempre encima para poder darles vía libre cuando más nos apetezca. La oferta es tan extensa que hay para elegir lo que más apetezca en cada momento y situación. Y misterios hay para dar y tomar en cantidades abundantes, como para no aburriros y disfrutar de lo oculto y dejar que la piel de gallina aparezca a la mínima. Desde civilizaciones antiguas cuya extinción permanece sin resolver, hasta los más desafiantes avances tecnológicos que nos hacen aterrizar en planetas y asteroides lejanos, pasando por las sábanas irradiadas y el poder oculto de las sociedades secretas, se abre ante nosotros toda una vasta extensión de temas que invitan a buscar respuestas que satisfagan nuestra curiosidad.

Y para ello y como no podía ser menos, la plantilla de periodistas e investigadores dedicados a estos temas es cada día más amplia y más preparada en todos los sentidos. Herederos de los referentes del pasado pero con más
y mejores medios tecnológicos. De ahí que los podcasts y radios del misterio hayan crecido de forma inaudita en las últimas décadas. Desde luego una delicia y un placer. Noches de misterio, noches con encanto...

domingo, 27 de enero de 2019

El placer de la lectura tranquila


A diario muchos de nosotros estamos sometidos a una actividad diaria que por lo general, en esta sociedad consumista y trepadora sin escrúpulos nos impone un ritmo de vida frenético y agotador.


Desde el temprano madrugón hasta el tardío retorno al hogar pasamos más de la mitad del día inmersos en una terrible carrera contra reloj por hacer y acabar tareas que miradas desde una perspectiva no contaminada no son tan urgentes ni tan vitales como para agobiarse.

Sin embargo, el ajetreo de vida que llevamos muchas veces nos viene impuesto por factores ajenos a nosotros mismos. Situaciones que nosotros ni elegimos ni podemos obviar ya que de ello depende nuestro sustento económico.

Hemos perdido nuestro ritmo de vida natural, ese que te marca tu propio cuerpo, y lo hemos hipotecado por el que nos imponen desde el mundo de la empresa. Todo es correr y acabar cuanto antes, para poder empezar otra tarea y seguir corriendo.  Y de esta forma estamos atrapados en un bucle del que no sabemos salir, o no queremos, ya que muchas veces nosotros mismos nos hemos hecho cómplices del sistema y por tanto nos hemos acomodado a él. Tanto como para asumir que debe ser así y que no hay posibilidad de salir.

Por esas y otras razones, deberíamos  al menos intentar encontrar un pequeño espacio para nosotros mismos al término de una jornada agotadora. Es verdad que habitualmente el tiempo libre del que disponemos es bastante escaso, y en algunos casos ni existe. Pese a todo ello, insisto en que debemos buscar la forma de disponer de algunos minutos de paz y tranquilidad para nosotros mismos. Un lapsus de tiempo durante el cual nuestro mundo se detenga, nos olvidemos de todo y nos podamos dedicar a disfrutar de la paz y la tranquilidad. Cada uno como quiera, con la afición que más le guste, pero siempre disfrutando.

En mi caso, y como es fácil de adivinar, hay 3 cosas que me encanta hacer en los pocos ratos libres.
Sin orden de preferencia por ninguna de ellas, tan sólo dejándome llevar por lo que en cada momento me susurra mi interior. Un buen rato deleitándome con buena música, a ser posible con auriculares, otras veces trabajando en la edición de fotografías y por último la que siempre, antes de dormir y como un ritual esotérico practico todas las noches. La lectura callada de unas pocas páginas de algún libro interesante tumbado en la cama hasta que los párpados deciden poner fin al día de estrés.

Reconozco que para mí es uno de los momentos más placenteros de la jornada, el más relajante y tranquilo que se pueda imaginar a la luz de una lámpara de mesilla, y recostado sobre la almohada que propicia un descanso reparador. Algunas veces ni siquiera es un libro que me interese mucho. Cualquiera de los que tengo empezados de diferentes temas y que a trancas y barrancas voy acabando en función del estado de ánimo de cada momento. Se trata de dedicar unos minutos al ejercicio de la lectura sosegada como preparativo al sueño nocturno. Una actividad corta pero sumamente relajante como para dejarte caer en los brazos de Morfeo con increíble facilidad. Y después, a soñar. A sumergirte en ese mundo paralelo donde todas las situaciones tienen cabida por más extrañas e irreales que parezcan. Ah, y además soñar es gratis...de momento....






domingo, 30 de diciembre de 2018

¿Retro?-Evolución

A estas horas de la noche, cuando acaba de cambiar el día del calendario, alguna vocecilla interior me pide que desgrane algunas palabras sobre un tema que me tiene un tanto obsesionado dese hace años, y que a medida que pasan los días, se acrecienta de manera exponencial. Desde que el hombre existe en la Tierra, y probablemente desde mucho antes, siempre ha sido protagonista de un fenómeno llamado "evolución". Ese término se utiliza para describir el progreso de la humanidad, tanto a nivel individual como colectivo. Evolución significa dar un paso hacia adelante y mejor. Y es indudable, que los avances tecnológicos de hoy en día contribuyen a darle completo sentido y significado a dicho término.
No por ello, como en tantos otros aspectos del desarrollo humano, todo lo más nuevo, lo más moderno y lo recién inventado es mejor que lo anterior. Y me refiero en concreto al tema de la comunicación.
Cuando se inventó el teléfono, aparatito que servía para establecer contacto hablado entre personas a larga distancia, fue un significativo avance. Debió ser increíble oír a través de una bocina la voz de un paisano que emitía desde el otro lado del mapa a cientos o a miles de kilómetros de distancia del que atentamente escuchaba y que al mismo tiempo, en respuesta a aquél, contestaba sus preguntas....
Desde luego que me hubiera gustado estar en aquel momento y vivirlo y disfrutarlo con la admiración que merecía. Pero el hecho de nacer más adelante en la historia hace que nos hayamos perdido momentos inigualables. 
Como decía, la invención del teléfono ha supuesto avances inconmensurables para nuestra sociedad, y lo que pareció un gran invento hace apenas una centena de años se ha quedado obsoleto en cuatro días mal contados.
Aquellas cajas de madera colgadas en la pared del salón pronto pasaron a ser un bien existencial sin el que ya no se podía vivir. Y es que a través de los cablecitos y un poquito de magia, nuestros seres más queridos podían aparecer ante nosotros, aunque sólo fuera a nivel sonoro. Y así, podíamos saber los unos de los otros sin tener que esperar a vernos en persona o mediante las cartas que tanto tardaban en llegar.
Y al igual que el correo, el teléfono, la luz y el agua entre otros son servicios declarados de ámbito universal que cualquier estado ha de garantizar a todos sus habitantes. De ahí que en las mismas calles se instalaran unas cabinas dotadas de una mínima privacidad y un aparato telefónico para que todo aquel que no pudiera permitirse el lujo de tener uno en su propia casa no quedara sin la posibilidad de utilizar el servicio cuando fuera necesario.
Pero como nada se detiene, el teléfono también ha evolucionado a pasos de gigante y ya casi nadie se acuerda de los primeros artilugios. Ahora todo es digital, de dedo y de ceros y unos. La industria de la telefonía móvil ha terminado casi con la de sobremesa. Y también, por qué no reconocerlo, con parte de la comunicación entre nosotros. Antes si necesitabas saber de alguien tenías que hacer el ejercicio de marcar unos números en una rosca agujereada y al poco tiempo oías la voz anhelada al otro lado del tubo, llamado también auricular.
Ahora todo es más fácil.... Desde que la tecnología entró en nuestra vida sin llamar ni pedir permiso, o sea, desde que nos la impusieron disfrazada de no se sabe cuántas ventajas, ya casi no es necesario darle a ningún botón para establecer comunicación con el más acá y el más allá. Basta con pronunciar el nombre de la persona con la queremos hablar y !voilá...!, ahí está de inmediato. Y si queremos verla en tiempo real, pues también. La tecnología no tiene límites, para bien o para mal. Y es cuestión de ver cómo los aparatos modernos van cambiando de forma, utilidad y funcionalidades. Lo que empezó llamándose un teléfono portátil, después fue un móvil y ahora es un smartphone que hace por ti lo que no haría el mejor y más fiel de los mayordomos. Tanto es así que hacen de todo, incluso los hay que sirven incluso para llamar por teléfono. Y es que poco a poco nos han ido introduciendo en un nuevo modelo de comunicación en el que el hecho de comunicarnos es casi lo menos importante. Cualquiera que se precie, niños incluidos, disponen de un terminal "inteligente" que les controla permanentemente y sin el que no pueden pasar ni un  minuto al día. Las redes sociales, las aplicaciones de mensajería instantánea y demás inventos han conseguido trasladarnos a un mundo virtual, no físico, en el que el preciado don de la palabra casi no tiene cabida. Con tanto avance hemos dejado realmente de comunicarnos tal y como se entiende dicho término: un emisor lanza un mensaje y un receptor confirma que lo ha recibido y entendido y así poco a poco se establece un diálogo. En todos los ámbitos de la sociedad moderna, el tema de la comunicación ha ido solapándose de tal manera que con enviar un mensaje o correo electrónico damos por supuesto que nos hemos comunicado con alguien. Y en muchos casos nada más lejos de la realidad. Simplemente hemos mandado un mensaje, en la forma que sea, y un programa nos confirma que el destinatario lo ha abierto o no. Eso no significa para nada que lo haya leído, y mucho menos entendido. Eso ya es otra cosa a la que por imposición nos vamos acostumbrando muy a nuestro pesar. Soy de los que piensan que demasiado avance en una sociedad tan vulnerable puede ser contraproducente. Y la realidad demuestra día a día que en la era de la comunicación cada vez nos comunicamos menos. Y desde luego no cara a cara, como quizá debería ser. Toda evolución tiene su contrapartida, y es que a veces parece que avanzamos en las apariencias y retrocedemos en el fondo. Es para darle un par de vueltas y ver lo que hacemos a diario en nuestra vida....O no???

Y para otro momento dejo el tema de la fotografía, que desde que ha sufrido la transformación digital no hay quien no sea el mejor profesional del mundo. 







viernes, 21 de diciembre de 2018

¿Feliz? Navidad

Ha llegado el momento, como todos los años. 21 de diciembre, día de copas de champán y celebraciones obligadas en la mayoría de los centros de trabajo.
Pero sinceramente, y aunque alguien pudiera interpretarme de agorero o aguafiestas, la realidad nuestra diaria no pasa por su mejor momento, y el original espíritu navideño queda totalmente empañado por los acontecimientos cotidianos.

Aún estamos conmocionados por los últimos casos de violencia ocurridos en este país democrático y libertario donde cada uno puede hacer lo que le venga en gana sin tener que dar explicaciones. Esa libertad que tanto se añoraba hace años, se ha convertido en no pocos casos en abuso de derechos propios que no tienen límite. Cierta gente, por llamarla de alguna manera, aunque más bien son puros animales salvajes, se arrogan el derecho a disponer de los demás como si de un bien material se tratara y por el que hubieran pagado un precio. Nada más lejos de la realidad. La vida de un ser humano no es propiedad de nadie, salvo de ese ser. Por tanto, nadie debe disponer de ella como si de un juguete se tratara. Y esto viene a cuento por el desgraciado de Huelva, que considera que todo el que pasa por la calle le pertenece y puede utilizarlo a su antojo.

Si de por sí el curso de la vida nos trae desgracias no esperadas, sólo hace falta que ningún subnormal tenga caprichitos inalcanzables y destroce la vida de sus semejantes.

Este año 2018 que pronto alcanzará su último minuto también ha sido el año del último aliento de dos buenos amigos que se han perdido en la infinidad de las estrellas. Por ellos y para ellos también escribo estas líneas con el deseo de que las lean en su idioma, sin palabras pero con sentimientos. Los de un habitante de este mundillo perdido en el cosmos y en el que dicen que es donde únicamente hay vida ¿inteligente?..... Pues aunque alguno despunte un poco, que de todo hay, mientras haya guerras, hambre, pobreza, racismo, asesinatos y demás lindezas, es para cuestionarse la "inteligencia" de esta humanidad.

Está muy bien que en ciertas fechas todos nos disfracemos de buenos y miremos para otro lado. Es una manera de no ver la realidad y ya lo dice el refranero: ojos que no ven, corazón que no siente.... Pero no. La hipocresía y el egoísmo no son buenos compañeros de viaje.

Otro año más, a pocas horas de entrar en el invierno el corazón se vuelve a encoger y desea volver a los años de la infancia, donde todo era inocencia y la maldad sólo existía en los cuentos y la películas de terror. Un año más que deseo que todo cambie de forma radical. Si puede ser, por favor....

lunes, 12 de noviembre de 2018

Un salto en el tiempo

Pues sí, así como suena: El salto en el tiempo existe. Y lo digo porque lo acabo de comprobar esta misma tarde.
Hace unos día dediqué unas líneas al recuerdo de los que ya no están. O sea, con motivo del día de Todos los Santos y de Difuntos.

Pues bien, de golpe y porrazo hoy, al salir de trabajar, me he topado de frente con la fachada de una de las empresas con nombre de fuera y que más lata nos dan a diario con el consumismo desenfrenado. Y la sorpresa ha sido descubrir un enorme luminoso que rezaba nada menos que "Felicidades" y acompañado de diferentes estrellitas de colores. Sin apenas tiempo de reaccionar he comprendido en un segundo que era el anuncio de que ya estamos en ¿Navidad?.
Inmediatamente he mirado el reloj del coche, que va por GPS y nunca se equivoca y efectivamente me ha confirmado que hoy es 12 de noviembre.....

O sea que yo no estaba equivocado del todo. A estas alturas, los magnates del "compra y gasta a todas horas " ya nos están anunciando que ha llegado la época del gasto desenfrenado y sin motivo. O sea, su "agosto"...

Yo creo que esta gente no es que se haya vuelto ansiosa de dinero y ni que les haya dado un aire y se hayan vuelto trastornados de la azotea. Qué va, hombre....

Quiero pensar bien de los que dirigen estas empresas y que se interesan por los temas de misterio en lo que a la religión se refiere. Y creo que, al final de tanto estudio concienzudo y de leer los evangelios apócrifos, han dado por buena la teoría de que el niño Jesús nació en agosto y no el 24 de diciembre, como hasta ahora nos habían enseñado con fe ciega.

Y es de agradecer, ya que tantos años celebrando las navidades con frío y nieve no parecía muy lógico. Y nosotros como borregos a hombro de pastorcillo que va a Belén nos lo habíamos creído a pies juntillas sin atrevernos a contradecir los textos sagrados. Menos mal que nos han abierto los ojos por fin.

Está claro que la Navidad empieza cuando ellos mandan y no cuando mandan los cánones o la tradición. Y como navidad que es ha comenzado la época del despilfarro innecesario. Pero eso sí, con la inmensa alegría que tal etapa provoca en nosotros. Sinceramente estoy abochornado y enfadado conmigo mismo por no haber caído antes en la cuenta y no tener preparada mi carta a los Reyes Magos....

Mañana sin falta, cuando vaya al curro de nuevo, prometo poner villancicos en la radio del coche y apalabrar con los compañeros la comida de todos los años, que ya se nos está pasando la fecha. 

En fin, que de ayer a hoy he perdido al menos quince días sin ni siquiera ser consciente de ello. Queda demostrado que desde que descubrimos la física cuántica todo ha cambiado y todo es posible. Comenzaron adelantando la venta del sorteo de lotería al mes de agosto y ya vamos por adelantar las navidades a mitad de noviembre. A mí me parece que a los del reloj de las campanadas les va a pillar el toro este año y les va a dar un buen revolcón por falta de previsión.

Ahora sólo me falta saber qué día nos dirán que es Año Nuevo para no equivocarme de nuevo y celebrarlo a tiempo. Que en cuanto uno se despista lo más mínimo, te pierdes una quincena....

Ah, felicidades a todos y a ver quién acierta en qué mes del año caerán las próximas. Seguro que no en diciembre....

domingo, 4 de noviembre de 2018

Lugares de paz



A escasas horas de que finalice el tradicional puente de Todos los Santos aún queda tiempo para dejar unas líneas en relación con estas fechas, lo que en ella se celebra y el significado que para nosotros tiene el final de nuestra existencia terrenal.

Desde la antigüedad más lejana, el hombre siempre ha necesitado enterrar a sus difuntos para luego poder rendirles culto, al margen de entender o no las causas y motivos que los han llevado a tal estado.
Desde que nacemos estamos abocados al mismo final. Ese del que habitualmente no solemos hablar y cuya sola mención nos da miedo y escalofrío. Cuando el hombre fue consciente de que todos tendríamos el mismo final es cuando se planteó la necesidad de disponer de lugares específicos que albergaran los restos de los no vivos para la eternidad. Cierto es que no en todas las culturas se ha actuado de igual manera ni ahora tampoco lo hacen. Y de ahí nacieron los cementerios. Lugares de paz en los que dejar guardados los componentes de lo que en su día formaron un ser vivo y que a nuestros ojos ya no volverán a compartir su existencia con nosotros. Esos lugares existen en todos y cada uno de los pueblos que habitamos e incluso en algunos que ya no tienen residentes y son un remanso de quietud, silencio y tranquilidad para quienes buscan alejarse del mundanal ruido. Pero hoy en día la sepultura en tumbas está un poco en declive. Es decir, ya no procedemos tanto al enterramiento de los cadáveres sino que hemos hecho de la cremación y esparcimiento de las cenizas una alternativa en crecimiento. Quizá por nuestra concepción del más allá, nuestras raíces culturales o simplemente porque los cementerios se quedan pequeños y sus moradas son caras. Lo cierto es que conviven ambos procedimientos y que cada uno elige para sí o los suyos la forma de deshacerse de sus huesos.

Tengo claro que el día que llegue mi despedida no me va a importar lo que hagan conmigo, ya que mi consciencia estará en otro plano inmaterial en el que no necesitaré mi antiguo traje. Al igual que estoy convencido de que ese final no depende en absoluto de nosotros. Que de alguna forma está escrito y elegido y pactado antes de nuestro alumbramiento, sin que desde ese mismo momento seamos conscientes de ello. Y es que al nacer a este mundo humano borramos de nuestra memoria todo lo que somos y sabemos, para volver a empezar de nuevo una experiencia libre de contaminaciones en todos los sentidos. Es más, ni si siquiera sabemos andar ni hablar. Nuestra consciencia lo olvida todo.
Es hora de empezar de nuevo nuestra existencia. Y aprender lo que hayamos acordado antes de venir. 
Por eso, cuando el final aparente se acerca, al igual que en el nacimiento, es lógico desear que nos sintamos rodeados de la mejor compañía, la de nuestros eres más queridos y que lo podamos hacer en las mejores condiciones materiales y espirituales. Y por desgracia, no siempre es así, ni en este país ni en ninguno. Parece que cuando el estamento médico diagnostica un final a corto / medio plazo sin esperanza alguna de vuelta a la normalidad, los encargados de cuidarnos hasta el último momento nos lo hacen más difícil y si pueden, nos humillan innecesariamente en base a nuestro sistema sanitario de procedencia. Entiendo, aunque no lo comparto, que en vida haya ricos y pobres. Que unos vivan y gocen de mejores condiciones y otros tengan que estar continuamente librando batallas para alimentar el cuerpo en el que se han encarnado. Es la parte negativa de la condición humana y siempre será así.

Pero al final, en los últimos días que preceden a nuestro tránsito, todos deberíamos ser tratados igual, al menos dentro de cada país y cultura. Tener tan sólo lo que necesitamos. Atención y cuidado exquisito para ayudarnos a pasar la frontera de forma tranquila, sosegada y sin miedo.

Y me consta que ni aquí ni en ningún sitio ese trato que todos nos merecemos es el más digno que nos pueden dispensar. Hasta el último momento seguimos arrastrando el lastre de la condición social a la que hemos pertenecido, y como tal así nos tratarán hasta el desenlace. Lástima de sociedad que no entiende que nuestros desahuciados tienen los mismos derechos que los demás, como seres humanos que son. Y que si necesitan una atención especial, por cara que ésta salga, deben dársela con toda la dignidad que se merecen. 

Por eso, en esta conmemoración de los difuntos pido desde mi interior que nuestra sociedad cambie y vuelva la "humanidad" a todos nosotros. Porque todos estaremos en la misma situación algún día y nos gustaría que así fuera. O mejor dicho, "recogerás lo que siembres" y "lo que no quieras para ti mismo no lo quieras tampoco para los demás." 

Con mucho cariño y respeto a esas personas que ahora mismo se encuentran en situaciones parecidas y que son víctimas colaterales de la inhumana gestión de nuestros poderes públicos.

sábado, 11 de agosto de 2018

La insufrible publicidad


No hace falta echar la vista muchos años atrás para darnos cuenta del ritmo al que van cambiando las cosas más cotidianas. El simple acto matutino de levantarte un sábado, salir a comprar la prensa y aprovechar a tomarte un cafetito sentado en el bar del barrio y pasarte media hora o más leyendo el periódico tranquilamente ha pasado a mejor vida de un plumazo de trazo grueso gracias a las nuevas y veloces tecnologías que muchas veces, lejos de facilitarte las tareas te las hacen más complicadas.

En el tema de la prensa escrita, es fácil comprobar cómo ha ido en declive de una forma inexorable y sin vuelta atrás. Pocos son los que aún compran un periódico cuando lo tienen gratis en internet a través de la página web correspondiente. El negocio del periodismo ya no vende, o al menos tal y como lo teníamos entendido desde siempre. Ahora todo es digital y el que no se incorpore pierde el tren de la actualidad en menos que canta un gallo.


Ahora para estar un poco informado has de estar constantemente conectado a la red, bien a través de internet, bien a través de las llamadas "redes sociales" que tan de moda están y que se han convertido en los canales oficiales para que políticos, famosillos y cualquiera hagan sus declaraciones y comentarios.

Es evidente que el nacimiento de internet revolucionó nuestra forma de comunicación y relación con el resto del mundo en cuestión de segundos. Un logro que venía a facilitarnos la vida, ayudarnos a buscar lo que no sabíamos sin necesidad e ir a una biblioteca pública o gastar cantidades desorbitadas en libros que luego no nos servirían para nada. Todo pintaba muy bien, pero evidentemente estos modelos de negocio no se mantienen del aire. Al igual que en el soporte papel, la publicidad tiene una relevancia significativa ya que es la que ayudaba al mantenimiento de los periódicos y revistas, además del  precio que soportaba el cliente.

Soy de los que desde el primer momento me incorporé al nuevo mundo digital aprovechando las ventajas que éste ofrecía. Nada en la vida es ni bueno ni malo, todo con mesura cumple una función necesaria para el desarrollo de las culturas.

El problema viene cuando no hay medida ni límites ni ganas de ponerlos. Es aquí cuando todo se desmadra y se pierde el objetivo principal.

Si ahora, esta misma tarde de un tranquilo agosto entramos en internet para echar un vistazo a la prensa más generalista a ver qué noticias de interés hay o saber qué está pasando en el resto del planeta, lo más probable es que a los cinco minutos de estar navegando acabemos cerrando las páginas de prensa para dedicarnos a otra cosa. Y es que hoy día, el bombardeo publicitario al que estamos sometidos en todos los medios es insoportable y contraproducente. Si accedemos la página principal de cualquier portal periodístico lo mejor que nos vamos a encontrar es una pantalla saturada de anuncios publicitarios por todos los lados y con un poco de suerte y esfuerzo, encontraremos las noticias en algún recuadro de tamaño mucho menor. En el ejemplo que reproduzco en la imagen, si dividimos la pantalla en franjas de igual tamaño, podremos observar que mas del 40 % del espacio está lleno de anuncios. Jamás estaré en contra del mundo publicitario, si bien es verdad que en no pocas ocasiones estoy en completo desacuerdo con sus tácticas y contenidos, con poco estilo y lenguaje zafio que parece más bien estar dirigido a idiotas que a personas normales. 

Al igual que en la televisión, de pago o gratuita, la publicidad manda y tiene tanto poder que ningún medio se resiste a limitarla o prescindir de ella. Hoy es insoportable ver un programa de televisión sin tragarte un puñado de minutos propagandísticos pagados a precios millonarios. Los anuncios de 20 segundos cada vez se van alargando disimuladamente. Bien está que en el transcurso de un programa o película hagan algún que otro corte para cubrir el porcentaje publicitario que los mantiene. El problema es cuando los tiempos dedicados a la publicidad casi superan al tiempo del contenido principal. Cada vez que uno se sienta a ver un espacio de una hora de duración no cae en la cuenta de que va a tener que tragarse, lo quiera o no más de un cuarto de hora de publicidad repartida en varios cortes para que se note menos y tenernos enganchados hasta el final. Y esto es aplicable tanto a los canales gratuitos como a los de pago, que al principio no emitían publicidad y rápidamente han visto el filón económico y han caído en las mismas tácticas. 

De manera que hace años ya no compro ningún diario, también cada día que pasa aguanto menos la prensa digital y la televisión. Estoy harto de que me bombardeen desmesuradamente con lo que yo no quiero ni he pedido y por lo que estoy pagando. Si fuéramos todos más selectivos y coherentes y no accediéramos a ciertas páginas de prensa o cambiáramos instantáneamente de canal cada vez que nos cortan un programa para meternos el enlatado publicitario, a lo mejor los que controlan las cuotas de pantalla o acceso se darían cuenta de ello. Y a lo mejor se esforzaban por dar un poco más de contenidos interesantes con una sustancial disminución de anuncios. Pero claro, el negocio es el negocio y la pela es la pela. Y cuanto más se gana más se quiere, sobre todo en el multimillonario mundo de la publicidad.

Y al ciudadano que le den morcillas, que traga con todo a la hora que sea. De los programas de radio hablaré en otro momento, que también tienen lo suyo..... y no muy distinto..... 






jueves, 2 de agosto de 2018

Mirando al cielo en solitario

Así me quedo últimamente. Mirando y admirando la grandeza del infinito oscuro, alterado tan sólo por la luz que desprende el reflejo del sol en el satélite teóricamente conquistado por unos y otros. Y es que como cada cierto tiempo, y aprovechando el fenómeno del eclipse, vuelve a flotar en el ambiente esa sombra de duda sobre la veracidad de los hechos que pudimos ver en televisión cuando apenas éramos unos críos. La voz de Jesús Hermida, al que tanto admiraba mi padre, y posteriormente yo, nos llegaba a través del altavoz de la caja "mágica". Hablaba de un tal Neil Armstrong que al parecer había puesto el primer pie en la luna, en una feroz carrera por llegar antes que los del otro lado. 

El afán del ser humano por conquistar nuevos mundos fuera de nuestro planeta se convertía en objetivo prioritario para cualquiera que quisiera hacer alarde de sus progresos tecnológicos. Muchas han sido las expediciones enviadas al exterior, a diferentes planetas, en busca de alguna señal que nos indique que en ese inmenso espacio oscuro hay alguna forma de vida similar a la nuestra. Ahora, viendo que no encontramos nada similar, el afán se centra en encontrar algún elemento y condiciones que pudieran permitir el desarrollo de algún tipo de ser vivo. Hemos enviado naves al infinito con multitud de muestras de nuestra existencia terrena, con mensajes de nuestra especie y nuestras intenciones pacifistas. Pero como si nada.... se supone.....

Siempre he pensado que detrás de este tema hay algo que se nos escapa y que aún no están dispuestos a dejarnos saber. Las evidencias de que hasta nosotros han llegado otros seres no son pocas y en los últimos años las noticias y programas de televisión referentes a esta posibilidad han crecido de forma abrumadora. Hasta las productoras de gran prestigio y los canales temáticos especializados se han volcado en esta tarea, abordando el tema desde la antigüedad hasta nuestro presente. Y es que cuando uno intenta entender ciertos relatos bíblicos, así como  investigar los restos de ciertas culturas antiguas, es difícil no considerar la posibilidad de que nuestro planeta haya sido visitado por seres de otras "Tierras", cuyos legados han quedado de forma imperturbable para admiración nuestra.

Los monumentos piramidales distribuidos por todo el mundo, los objetos encontrados cuya datación no concuerda con los conocimientos que supuestamente poseían las civilizaciones de la época invitan a pensar que en algunos momentos hemos contado con la ayuda del exterior.

Las teorías acerca de la presencia de seres foráneos en nuestro planeta son múltiples dependiendo del punto de vista desde el que se aborde, bien puramente científico - tecnológico, antropológico o religioso. La creencia del ser humano en la existencia de alguien superior es común a todas las culturas, tanto como la supervivencia después del final terreno. A su modo, cada civilización se ha planteado estas cuestiones durante su existencia, intentando dar respuesta a las preguntas más intimas.

A esas preguntas le busco respuesta casi a diario, intentando entender el por qué de la cosas que suceden a mi alrededor y más lejos. Estos temas tienen capturada mi atención con más interés que en otras etapas pasadas. Y es que a la vista de los hechos cotidianos con los que diariamente nos bombardean los medios de comunicación y de los que estoy hasta las mismísimas narices, prefiero guardar silencio y admirar la profundidad del cielo nocturno de verano a ver si desde algún puntito de luz diminuto me llega alguna respuesta, por simple que sea, que satisfaga alguna de mis inquietudes más intimas.

Quizá por ello estoy aparentemente más callado de lo habitual. Etapa de reflexión y meditación en tranquilidad. Es lo que ahora toca...

lunes, 23 de abril de 2018

Spanish is a lovin' tongue


Si alguien al ver la imagen que ilustra este comentario, piensa que está mal de la vista, que se desengañe. Que está perfectamente y ve lo que vimos todos el sábado.

Los dos recortes pertenecen a uno de los acontecimientos futbolísticos que más pasiones desatan en esta desconocida patria.
Y digo bien cuando hablo de pasiones ya que al margen de lo deportivo siempre hay algunos sentimientos anidados en las cabezas de los asistentes que utilizan el evento para reivindicar cualquier otra forma de estado que la actualmente vigente.

La final de la Copa del Rey de fútbol, aquí en España claro está,  vista por un montón de millones de espectadores es un acontecimiento para el que se necesita traductor o haber asistido a alguna clasecilla de chapurreo inglés.

Y es que como estamos donde estamos, y los tiempos andan revueltos con el tema de las supuestas independencias y demás adoctrinamientos lingüísticos, pues resulta que RTVE decidió el pasado sábado que los rótulos y etiquetas del partido entre el Sevilla y el FC Barcelona disputado en el Wanda Metropolitan, en Madrid, tenían que estar en inglés, para deleite y disfrute de todos. Y así fue, ya que como digo y bien ilustra la imagen, el idioma de los del Brexit era el universal en esta contienda.

Es más, de haber estado en el campo, cosa que jamás haré por principio propio, me hubiera quedado asombrado y perplejo escuchando a los fanáticos del Sevilla, expresándose en el idioma de Shakespeare tan ricamente y con esa gracia que llevan dentro que les otorga ser de tan noble ciudad. 
Seguramente yo no habría entendido nada de nada, pero es normal. Hablar inglés, o decir que lo hablas y ponerlo de forma destacada en linked in está super de moda y mola cantidad. Siempre y cuando no te hagan superar una prueba de conversación, claro está, porque entonces se nos acaba la bravuconería latina y nos quedamos con los ojos de plato. 

Y es que aunque el evento esté enmarcado dentro de las competiciones europeas, al menos la retransmisión para España por la cadena number one debería haber sido en español. Salvo que los responsables intentaran evitar que los de un equipo se pudieran sentir ofendidos. En ese caso, y con buen criterio, se decide hacerlo en idioma extranjero y así nos cabreamos todos excepto ellos. No me imagino a esos ancianos de cualquier provincia, con la ilusión desatada por ver una final gratis en la tele y entre chato de vino y caña preguntarse entre ellos: Oye, ahí que pone??? No lo entiendo.. Tendré que cambiar de gafas...
No querido buen hombre, lo que tiene es que cambiar de dirigentes o de país, para lo que probablemente ya sea tarde a estas alturas de la vida. Que sepa usted, querido patriota, que en esta piel de toro se habla inglés como idioma nacional y que todo lo demás son zarandajas. Y si no me cree, no hay que ver los anuncios de la televisión o radio. Anglicismos por doquier en una mezcla de spanglish que ni el mejor tejano fronterizo domina con soltura.

Y es que tiene razón mi querida amiga Emmylou cuando titula una de sus canciones "Spanish is a lovin' tongue" ("El español es una lengua encantadora") para cualquiera menos para nosotros, que en no pocas ocasiones preferimos lo foráneo a lo patrio. Y es que no tenemos remedio. 
Esta vez me lo han puesto fácil, sinceramente a huevo....